
Diariamente los niños consumen contenidos de los distintos medios de comunicación que se encuentran a su alrededor: televisión, radio, revistas, diarios, Internet… Y aunque consumen contenidos de todo tipo de medios, hay contenidos de determinados medios que pueden y suelen ser controlados por los padres y otros contenidos que no.
Por ejemplo, los contenidos de las publicaciones que se venden en los quioscos, sean del tipo que sean, son contenidos que los padres pueden controlar. Ya que si los padres no son quienes les compran estas publicaciones, los niños difícilmente los podrán comprar por si solos y por lo tanto consumir.
Lo contrario ocurre con la televisión. Los niños consumen contenidos televisivos muchas horas al día: mientras desayunan, al mediodía durante la comida, por la tarde… No necesitan ni la ayuda ni el dinero de cualquier persona adulta (padres, hermanos mayores, abuelos…) para poder consumir televisión.
En consecuencia, los padres no pueden estar presentes todo el tiempo que sus hijos ven la televisión y por lo tanto no pueden controlar todo el consumo que sus hijos hacen de ella. De aquí que se venga reclamando una actitud más conciliadora entre los medios y el mundo educativo, evitando así, el consumo televisivo por parte de los niños de lo que anteriormente ya describimos como Telebasura. Así, podemos decir que los medios de comunicación deben cumplir ciertas obligaciones con respeto a los niños.
Estas obligaciones pueden dividirse en dos grandes grupos: las obligaciones activas y las obligaciones pasivas.
Las activas consisten en promover y difundir mensajes y contenidos que estimulen el crecimiento moral, intelectual y físico de los niños. Es producir contenidos específicos para los niños, crear espacios con los que se identifiquen.
Las pasivas consisten en limitar y restringir, en determinados horarios u ocasiones, los contenidos ante los que el niño puede ser vulnerable.
Los medios que tienen más obligaciones, ya sean activas o pasivas, respeto a los derechos de los niños son los medios abiertos en régimen de difusión y los que gozan de una concesión de los estados para emitir. Así, tal y como hemos dicho anteriormente, los medios de los cuales los contenidos no pueden ser controlados por los padres (revistas, diarios, televisión de pago…) están menos obligados con respeto a los niños.
Por ejemplo, los contenidos de las publicaciones que se venden en los quioscos, sean del tipo que sean, son contenidos que los padres pueden controlar. Ya que si los padres no son quienes les compran estas publicaciones, los niños difícilmente los podrán comprar por si solos y por lo tanto consumir.
Lo contrario ocurre con la televisión. Los niños consumen contenidos televisivos muchas horas al día: mientras desayunan, al mediodía durante la comida, por la tarde… No necesitan ni la ayuda ni el dinero de cualquier persona adulta (padres, hermanos mayores, abuelos…) para poder consumir televisión.
En consecuencia, los padres no pueden estar presentes todo el tiempo que sus hijos ven la televisión y por lo tanto no pueden controlar todo el consumo que sus hijos hacen de ella. De aquí que se venga reclamando una actitud más conciliadora entre los medios y el mundo educativo, evitando así, el consumo televisivo por parte de los niños de lo que anteriormente ya describimos como Telebasura. Así, podemos decir que los medios de comunicación deben cumplir ciertas obligaciones con respeto a los niños.
Estas obligaciones pueden dividirse en dos grandes grupos: las obligaciones activas y las obligaciones pasivas.
Las activas consisten en promover y difundir mensajes y contenidos que estimulen el crecimiento moral, intelectual y físico de los niños. Es producir contenidos específicos para los niños, crear espacios con los que se identifiquen.
Las pasivas consisten en limitar y restringir, en determinados horarios u ocasiones, los contenidos ante los que el niño puede ser vulnerable.
Los medios que tienen más obligaciones, ya sean activas o pasivas, respeto a los derechos de los niños son los medios abiertos en régimen de difusión y los que gozan de una concesión de los estados para emitir. Así, tal y como hemos dicho anteriormente, los medios de los cuales los contenidos no pueden ser controlados por los padres (revistas, diarios, televisión de pago…) están menos obligados con respeto a los niños.
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