
Es una realidad la creciente influencia y el impacto de los medios de comunicación, en especial la televisión, en la cultura y en la formación de los niños jóvenes.
Cada día que pasa, aumenta el tiempo de dedicación a los medios por parte de jóvenes y niños. Más allá de dormir y e ir a la escuela o universidad, la mayor parte del tiempo parecen permanecer conectados a alguna de las tecnologías de la comunicación y la información.
Tal es la costumbre de vivir en un entorno totalmente mediatizado, es decir, en un mundo rodeado de medios de comunicación y conectados a ellos las 24 horas del día, que el silencio y la tranquilidad no empiezan a resultar escasos. Además, de que cuando si que tienen lugar, el silencio y la tranquilidad representan para los jóvenes un elemento de inquietud y desasosiego.
Es preciso considerar el poder que tienen los medios de comunicación y sus discursos para conformar la mente de la población. El desarrollo de la publicidad y de la propaganda política han venido a poner en evidencia esta influyente capacidad de los medios. Así, a partir de la publicidad que los medios difunden, y en especial la televisión, los niños y jóvenes se construyen las imágenes de las distintas marcas y se ven inducidos a la compra de determinados productos. Lo mismo ocurre con la propaganda política, ya que los medios de comunicación a partir de la inculcación sistemática de ideas y visiones del mundo, hacen que tanto niños como jóvenes en lugar de crearse su propia visión de la realidad que les rodea, copien la que les muestran los medios de comunicación.
Ambos casos, nos ejemplifican la importancia e influencia que los medios de comunicación ejercen en el conjunto de la población, y en especial entre los niños y jóvenes de un país. Así, debemos atribuir un gran impacto a los medios de comunicación sobre la sociedad.
Es esta la razón por la que algunos educadores están impresionados, y, a veces, escandalizados, cuando contemplan los contenidos que ciertas televisiones ofrecen a sus estudiantes o a sus hijos. Cuando hablamos de ciertos contenidos televisivos nos estamos refiriendo a la telebasura, precisamente con objeto de señalar la degradación y degeneración del contenido que transmite.
A pesar de esta postura y punto de vista que consiste en una oposición tan radical a la televisión, también existen otros puntos de vista. Por ejemplo, hay quienes no creen en esta influencia tan fuerte que los medios de comunicación ejercen sobre los niños y jóvenes, de aquí que no vean los efectos de la telebasura como tan nocivos.
Se han levantado algunas voces para señalar que la omnipotencia del discurso mediático no es cierta, que tiene mucho de mito, y que, en cualquier caso se exagera. Estas voces opinan que son muchos los estudios que nos hablan sobre el hecho incuestionable de que la influencia de los medios está relativizada por el contexto, social y familiar, y por las actitudes de los receptores. Por tanto, hablar de efectos, en el sentido de puro impacto mediático no sería razonable, y, consecuentemente, nadie puede ni debe culpar a la televisión de ningún mal social.
Sin embargo, y pese a la polémica entre las distintas posturas, al valorar la incidencia de la televisión sobre este sector de la población no pueden esconderse algunos hechos tan decisivos como que los niños y los jóvenes viven cada día más inmersos en una sociedad mediática presidida por la televisión y que esta sociedad mediática es portadora de un nuevo tipo de sensibilidad y de percepciones, y propone nuevos valores e influencias.
Cada día que pasa, aumenta el tiempo de dedicación a los medios por parte de jóvenes y niños. Más allá de dormir y e ir a la escuela o universidad, la mayor parte del tiempo parecen permanecer conectados a alguna de las tecnologías de la comunicación y la información.
Tal es la costumbre de vivir en un entorno totalmente mediatizado, es decir, en un mundo rodeado de medios de comunicación y conectados a ellos las 24 horas del día, que el silencio y la tranquilidad no empiezan a resultar escasos. Además, de que cuando si que tienen lugar, el silencio y la tranquilidad representan para los jóvenes un elemento de inquietud y desasosiego.
Es preciso considerar el poder que tienen los medios de comunicación y sus discursos para conformar la mente de la población. El desarrollo de la publicidad y de la propaganda política han venido a poner en evidencia esta influyente capacidad de los medios. Así, a partir de la publicidad que los medios difunden, y en especial la televisión, los niños y jóvenes se construyen las imágenes de las distintas marcas y se ven inducidos a la compra de determinados productos. Lo mismo ocurre con la propaganda política, ya que los medios de comunicación a partir de la inculcación sistemática de ideas y visiones del mundo, hacen que tanto niños como jóvenes en lugar de crearse su propia visión de la realidad que les rodea, copien la que les muestran los medios de comunicación.
Ambos casos, nos ejemplifican la importancia e influencia que los medios de comunicación ejercen en el conjunto de la población, y en especial entre los niños y jóvenes de un país. Así, debemos atribuir un gran impacto a los medios de comunicación sobre la sociedad.
Es esta la razón por la que algunos educadores están impresionados, y, a veces, escandalizados, cuando contemplan los contenidos que ciertas televisiones ofrecen a sus estudiantes o a sus hijos. Cuando hablamos de ciertos contenidos televisivos nos estamos refiriendo a la telebasura, precisamente con objeto de señalar la degradación y degeneración del contenido que transmite.
A pesar de esta postura y punto de vista que consiste en una oposición tan radical a la televisión, también existen otros puntos de vista. Por ejemplo, hay quienes no creen en esta influencia tan fuerte que los medios de comunicación ejercen sobre los niños y jóvenes, de aquí que no vean los efectos de la telebasura como tan nocivos.
Se han levantado algunas voces para señalar que la omnipotencia del discurso mediático no es cierta, que tiene mucho de mito, y que, en cualquier caso se exagera. Estas voces opinan que son muchos los estudios que nos hablan sobre el hecho incuestionable de que la influencia de los medios está relativizada por el contexto, social y familiar, y por las actitudes de los receptores. Por tanto, hablar de efectos, en el sentido de puro impacto mediático no sería razonable, y, consecuentemente, nadie puede ni debe culpar a la televisión de ningún mal social.
Sin embargo, y pese a la polémica entre las distintas posturas, al valorar la incidencia de la televisión sobre este sector de la población no pueden esconderse algunos hechos tan decisivos como que los niños y los jóvenes viven cada día más inmersos en una sociedad mediática presidida por la televisión y que esta sociedad mediática es portadora de un nuevo tipo de sensibilidad y de percepciones, y propone nuevos valores e influencias.
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